La bendita crisis que me llamo por mi nombre

Majo Ferrer

2 min leer

Querida comunidad:

Pasé los 40 años y, con ellos, me alcanzó la crisis de la mediana edad. Llegó para desmoronar todo lo que yo presentaba al mundo; vino a romper la máscara que venía cargando. Aunque hoy sé que fue una invitación a despertar, no lo sentí así cuando estaba en mi cuarto oscuro, a las 3 a.m., llorando desconsoladamente, sumida en una desesperanza profunda.

Esa crisis vino a llamarme por mi nombre y, por primera vez, no sabía si responder o callar. Elegí callar. Me oculté del llamado todo lo que pude, pensando que así estaría a salvo. Pero la crisis me encontró igual: esquiva, inocente y profundamente agotada.

Sin saber hacia dónde ir, decidí dejar de resistir. Me permití mirar, realmente mirar, a la mujer que habitaba detrás de la máscara. En lugar de juicio, empecé a sentir una profunda compasión y gratitud por la versión que me había cuidado y protegido durante tanto tiempo. Comprendí que mis reacciones no eran errores, habian sido mi forma de sobrevivir.

Y aunque le agradezco profundamente haberme traído hasta aquí, entendí que ya estoy lista para soltarla y aprender a vivir el siguiente capítulo de mi vida a mi manera.

Así que usé mi última gota de rebeldía: solté mi carrera, me quedé con los aprendizajes y decidí crear una nueva. A mi manera. A mi estilo. Me sumergí en libros y certificaciones para armar una propuesta que es, exactamente, lo que a mí me hubiese servido: una mano humana e imperfecta, pero con los conceptos claros para abrir nuevos portales de vida.

No buscaba solo títulos para colgar en la pared; buscaba la brújula que me explicara por qué mi cuerpo seguía reaccionando como si estuviera en peligro cuando, aparentemente, todo estaba en calma. Entendí que no nos falta fuerza de voluntad; nos falta compasión para ver el costo de haber sido “uno misma" durante tanto tiempo.

Pero hasta aquí mis confesiones. Ahora quiero hablarte a ti.

Tú, mujer que me lees… ¿dónde estás hoy? ¿Estás en el gimnasio intentando controlar lo incontrolable? ¿Bebiendo para apagar el ruido? ¿Comiendo para llenar el vacío? ¿Escapando de tu dolor a través del trabajo infinito, la familia, los amigos, la moda, scrolling en redes sociales o el botox? ¿Buscando en las parejas la seguridad que no sientes dentro? ¿O quizás estás usando a tus hijos para que sean todo lo que tú no fuiste, o reviviendo en ellos, sin querer, tu propio dolor de infancia?

Sé lo que es eso. Y sé que no es falta de carácter. Es tu sistema nervioso haciendo lo mejor que puede para protegerte de esa misma desesperanza que yo conocí.

Pero quiero decirte algo: aunque sigas haciendo todo eso, puedes empezar a hacerlo desde otro lugar. No desde la huida o el parche, sino desde lo que realmente te nutra y te sirva, esta vez, para ti misma. El agotamiento que sientes no es un error; es la señal de que estas lista para dejar de sobrevivir y empezar a elegir.

Si te resuena, aquí estoy.