Exploté por una tontería: qué pasa cuando tu cuerpo reacciona antes que tu mente

Majo Ferrer

2 min leer

selective focus photography of flaming rose flower during daytime
selective focus photography of flaming rose flower during daytime

A veces no es la gran crisis la que te quiebra. Es un vaso de agua derramado, un correo que llega tarde o una pregunta de tus hijos cuando solo querías cinco minutos de silencio.

De pronto, sientes ese calor que sube, el nudo en la garganta y, antes de que puedas procesarlo, ya gritaste. Ya dijiste algo que no querías. Ya "explotaste".

Después llega la culpa. Te dices que deberías tener más paciencia, que eres una exagerada o que simplemente "estás mal". Pero, ¿y si te dijera que esa explosión no es un fallo en tu carácter, sino un éxito de tu sistema nervioso?

Por qué el pensamiento no llega a tiempo

Cuando vives en modo "aguantar", tu sistema nervioso no sabe que estás a salvo en tu cocina o en tu oficina. Él interpreta el estrés acumulado como una amenaza constante.

En ese estado, la parte de tu cerebro que piensa y razona (la corteza prefrontal) se desconecta para que la parte que sobrevive tome el mando. Tu cuerpo reacciona antes que tu mente porque cree que te está salvando de un peligro. Y acá el peligro es el agotamiento, el invisible ya no tengo energía, ya no puedo más y pum explotas para preservar energía porque tienes que estar atenta al siguiente "peligro".

El costo de "ser la fuerte"

Si llevas años siendo la que resuelve todo, la que no se queja y la que siempre puede con un poco más, tu cuerpo ha aprendido a vivir en un estado de hipervigilancia. Esa "tontería" por la que explotaste no fue el problema; fue simplemente la gota que derramó un vaso que ya estaba lleno de:

Tensión acumulada en la mandíbula.

Una respiración que nunca llega al abdomen.

La sensación de que, si tú te detienes, todo se cae.

Del síntoma a la revelación

Esa reacción automática que hoy te genera culpa es, en realidad, una forma de protección. Tu cuerpo está intentando descargar la presión de la única manera que conoce. El problema es que esa estrategia, que quizás te sirvió en el pasado, hoy te está costando tu paz y tu energía.

Entenderlo es el primer paso, pero para dejar de reaccionar, no basta con "pensarlo". Hay que enseñarle a tu cuerpo que el peligro ya pasó.

¿Te reconociste en algo de esto? A veces, el cambio no empieza con más paciencia, sino con una sola pregunta:

¿Desde dónde estás operando hoy?

Haz el test gratuito: Descubre tu forma de protección actual